lunes, 15 de septiembre de 2008

Muerte Magnética


Algunos podíamos sentirlo. Era como una vibración en el aire. Algo que tu instinto de supervivencia detectaba como una sirena, una alarma, una emergencia planetaria. Pasaban los días y la cosa iba a peor, muchos de nosotros ya no podíamos dormir. Nos refugiamos en nuestros hogares ante la llegada del día D. El suelo temblaba y los cristales crepitaban mientras las puertas de mi armario se agitaban y los pósters caían de las paredes como aviones abatidos. El miedo dio paso a la desesperanza. Todos tenemos un límite. Finalmente ignoré mi sentido común, abrí la puerta y salí a la calle, donde una cegadora luz blanca no me dejaba ver nada. No pude verlo llegar. Un riff de guitarra demoledor acuchilló el aire a velocidad supersónica atomizando nubes, tierra y mar hasta alcanzarme. Durante los breves instantes en los que mi cuerpo saltaba por los aires y mi conciencia aún estaba intacta, no podía quitarme la idea de que era lo mejor que había oído en mucho tiempo.

Metallica ha vuelto.

Aunque no seas un devoto del heavy metal, si te gusta el sonido de una guitarra eléctrica lo mínimo que puedes hacer es tenerles un respeto mayúsculo. Soy de los que opina que su trabajo anterior era muy regular, sí. St. Anger parecía un puzzle de ideas inconexas y sin fundamento que buscaban un rumbo sin encontrarlo. La ausencia de higiene personal en mi persona y de solos de guitarra en el disco me escocía, y mucho. Pero Death Magnetic es la meta de una larga carrera que finalmente han acabado ganando. Y eso que me asusté cuando oí el primer single, The Day That Never Comes.

“Joder, se han ablandado” pensé. "La mitificación de Nothing Else Matters les ha pasado factura", pensé también. A ver, TDTNC estaba de puta madre pero ¿de quién fue la idea de sacar esa canción sentimentaloide como inauguración del álbum en las listas? Me temía un disco ñoño (a pesar de la portada) en plan “somos Metallica pero tenemos un corazoncito” como pudimos ver en el documental aquél de cómo se hizo St. Anger. Pues no sé si lo hicieron adrede para lo que me pasó después, pero menuda ostia se llevaron mis oídos cuando puse el disco en marcha.

Death Magnetic
es un monumento, así de simple. Épico, imperturbable. En St. Anger me quedé con las ganas de ver a Metallica segura de sí misma, con esa sabiduría musical capaz de, si les daba la gana, hacernos botar como animales con sus riffs y llorar como cabrones con sus solos y estribillos. James Hetfield demuestra que su voz aguanta como el hierro en el estribillo de The Day That Never Comes a pesar de los años, Hammet sigue siendo capaz de despedazar una guitarra con los dedos como vemos en su solo de The Unforgiven III y Ulrich los acompaña derrumbando edificios a baquetazo limpio. Y a Trujillo no le he prestado mucha atención (aún). Y The Day That Never Comes demuestra finalmente ser un gran tema que complementa bien al resto del álbum.

Puede que Death Magnetic signifique Muerte Magnética, pero esta música hace que uno se sienta vivo otra vez. Si me quedo sordo escuchándoles, sólo podré decir que valió la pena y que volvería a hacerlo. ¡Larga vida a Metallica!

2 comentarios:

Mrs Jones dijo...

A mí Metallica me recuerdan a mis 12-13 años, esa época en la que creo que era mucho mejor persona y menos llena de prejuicios. Escuchaba de todo de todo intentando elegir un camino.

Luego elegí un camino distinto al de Metallica y dejé de saber qué iba siendo de ellos. Aunque mi profe de guitarra seguía enseñándome sus canciones :)

Gaziello dijo...

Ana, creo que sé alguien que podría gustarte, si es que no le conoces ya: Martin Sexton. Te mando un enlace por email pa qe te bajes un disco de él desde mi dropbox. Metallica rules.

PD: gracias por hacerme saber que alguien me lee! xD